Cine y ética

La actitud del cineasta ante el mundo que lo rodea

04-nov-2009 Víctor Gato Cid

Hacer una película significa involucrarse, tomar conciencia de lo que se expresa y de cómo se expresa, de qué forma.

El cineasta se convierte en el que determina la obra con respecto a la historia, debido a la capacidad del cine para generar pensamiento. En efecto, medios como el cine tienen elementos emotivos y dinámicos que no pueden ser comunicados sólo por medio de la palabra, por más que se utilicen frases ingeniosas o ilustraciones impactantes.

La puesta en escena del horror

En un articulo titulado “La actitud del cineasta ante la inevidencia de los tiempos”, de Ángel Quintana, profesor de historia y teoría del cine en la universidad de Gerona, el autor hace alusión a la muestra del horror, aquello que, alejado del cine clásico, crea una brecha en el mismo y abre una vía de expresión nueva a los cineastas.

Quintana nombra al italiano Pier Paolo Pasolini. Y lo hace para poner un límite, aún no superado, en la muestra del horror, el film"Saló o los 120 días de Sodoma"La República de Saló fue el último bastión nazi antes de la victoria de los aliados en Italia. Es una adaptación del libro "Las 120 jornadas de Sodoma", que el Marqués de Sade escribió desde una celda de la Bastilla.

El relato es ya desde la primera de sus páginas un libro que parece inadaptable al cine por su catálogo de vejaciones físicas y morales que contemplan un hórrido festín de aberraciones sexuales: del incesto a la necrofilia, pasando por la coprofagía, la urolagnia, el bestialismo, la paidofilia o la gerontofilia, sin olvidar un notable surtido de torturas, como la castración, la infibulación, la extracción de ojos, la amputación y/o quema de pechos, nalgas o manos.

Pasolini no tiene compasión, no deja respiro al espectador, no hay nada a lo que se pueda amarrar este ante tanto horror. Es impresionante comprobar como treinta años después el film sigue resultando tan brutal como el primer día, a la vez que su discurso tras las aberraciones sigue siendo totalmente necesario.

Pasolini rodea toda su película de un realismo que se convierte en un aporte más para la dureza de la pelicula. Continúa de esta manera rompiendo los límites que el cine se había marcado en cuanto al campo de la ética y que ya había sido ampliamente sobrepasado casi 30 años antes con "Roma, cittá aperta", de otro italiano, Rosselini.

¿Cómo puede manifestarse la verdad?

Ésta fue por lo visto la gran pregunta del cine moderno. Era una novedad, puesto que el cine clásico nunca se había preocupado por que la verdad se manifestara en una película. Por primera vez, con la modernidad, el cine toma conciencia de que no está condenado a traducir una verdad que le será exterior, sino que puede ser el instrumento de revelación o de captura de una verdad que él debe sacar a la luz.

Rossellini decía: "¿El cine?, ¿qué función puede tener? La de poner a los hombres frente a las cosas, las realidades, tal como son".

El realismo en el cine actual

Quintana habla del cine de la época de la posmodernidad basado y caracterizado por el exceso, parodiando el horror hasta tal punto de que hace gracia, entretiene y es divertido. El aspecto visual es aquí lo que cuenta, superando la moralidad y convirtiendo la escena en “un gran chiste”, expresión que usa al referirse a la escena de tortura que Quentin Tarantino muestra en "Reservoir Dogs". De esta forma Quintana establece la hipótesis de que quizá la nueva ética del cine consiste ahora en la elipsis, y no en la mostración.

¿Quiere decir esto entonces que el cine ha “involucionado” de nuevo para ahora valorar la elipsis y reordenar el tratamiento de la violencia recordando al cine clásico?. Así, la barbarie queda implícita, se convierte en una reflexión temática que forma parte del tema, pero no de la trama. Es decir, se mueve en lo subjetivo. No se muestra como algo objetivo.

La cuestión es, de una forma objetiva, atendiendo a lo hecho anteriormente en el cine, aunque no sin guiarse por ello, evaluar la ética del cineasta en el cine actual y sobre todo, lo que consigue despertar en el espectador. Si logra arrancar la reflexión por su parte. Una película puede hablar de problemas y violencia, pero resolverse de muy diversas maneras.

El ámbito del tema de la película se halla en la reflexion. Cuando hablamos de la reflexión temática de un film se hace referencia al mundo personal del cineasta, al ámbito subjetivo, porque consiste en una propuesta, un juicio, sobre alguna cuestión a través de la retorica del cine. Como dice el guionista David Mamet: “vamos al cine no para olvidar sino para recordar”.

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